#SinCienciaNoHayFuturo

Karl Popper y Luchito Castañeda

De cómo votamos y la ominosa cadena 

„Avez-vous remarqué comme on est bête, quand on est beaucoup?“

George Sand

Publicado: 2014-10-12

En sus reflexiones en torno a la democracia, Karl Popper restringía el rol del pueblo (entiéndase: the people), dentro de este sistema, a una sola tarea: proveer un camino regular (elecciones, revocaciones) y no violento (revoluciones, golpes de estado, terrorismo) para deshacerse de lideres incompetentes, corruptos y abusivos. Su teoría de la democracia no presuponía la dependencia de ésta de un público juicioso y bien informado que eligiera con conciencia y reflexión a sus gobernantes: “Somos demócratas” escribía Popper “no porque la mayoría siempre tiene la razón, sino porque las tradiciones democráticas son las menos funestas que conocemos”. Mantenía sus esperanzas en que la opinión pública y las instituciones que influyen en ella (principalmente la prensa y las universidades) mejoraran a través del tiempo gracias a la discusión crítica, es decir la conjunción de someter las ideas propias a la crítica pública y el hábito de escuchar el punto de vista del otro.

Kenji, de lejos el congresista más votado, no debe sus votos a una elocuencia ciceroniana o una carrera política bien ganada por la ejecución de propuestas pensadas para el bienestar nacional, no, Kenji ganó porque es hijo de su padre y porque hay gente en este país para quien el robo más escandaloso y la muerte de unos pobres desconocidos, no son motivos suficientes para opacar “lo bueno que hizo”. Los dos siguientes congresistas más votados llegaron al Congreso no necesariamente por méritos y logros políticos: el pastor Lay es congresista gracias al voto marcial de los miembros de su iglesia y Beingolea (así como Susy Diaz y la selección de Volley de Seúl 88) no estaría ni de paseo en el congreso si nunca hubiera sido una estrella de la televisión. Y Luchito, Luchito...

Lamentablemente, el progreso de la opinión pública no puede depender de las Universidades, donde hace tiempo que prevalecen los amigazgos sobre el verdadero talento, ni de la prensa, ocupadísima en su negocio de producir escándalos para alimentar mentes ávidas de carroña (como las “majaderías” de Nadine o cuando Urresti anuncia, OMG, 130 kilos de coca en lugar de 100).

El Perú y los países donde el voto es obligatorio (32 en total) representan juntos algo más del 15% del total de países independientes. ¿Por qué vota alguien que no tiene ningún interés en la política? Es muy válido carecer de interés en la política, pero no lo es obligar a alguien, bajo la amenaza de un multa que quizás no pueda pagar, a sentarse en una cámara secreta para elegir a ciegas a un candidato de quien no sabe nada. ¿Quién gana con el voto obligatorio?

Lo siento Popper, pero la realidad es que en el Perú el voto de un impune chofer de combi con cientos multas y dos fríos, el del juez que lo perdona, el del policía para quien la cara de Jorge Chavez lo arregla todo, el del taxista que te cierra y utiliza el cláxon para aliviar su frustración, el de los que dejan regadas sus mugres cada domingo de verano en las pobres playas costeras, el de los congresistas que comen o roban mucho de algo, el de los que utilizan el país como su basurero personal, el de los tipos de las bujías calientes, el del chico vestido de crema que despliega toda su furia contra el vestido de azul, el de los que votan por el que robó pero hizo obras, el de los buitres que le quitan todo lo que pueden al pobre hombre que acaban de atropellar, el voto de todos ellos, el de la mayoría, vale más que el de esos pocos buenos peruanos que sí quieren dejarle a sus hijos un lugar decente para vivir.

Pero la innovación siempre es posible en este Estado surrealista, gracias a la reciente epifanía de un congresista nacionalista, pronto los criminales de este país también podrán votar.

Malos electores, malos elegidos, el gran círculo vicioso. No somos libres, como dice el himno, la ominosa cadena sigue ahí.

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