sin ciencia no hay futuro

Óscar Avilés y Arturo Cavero

Propuesta para un nuevo Himno Nacional

"Son mis ilusiones infantiles las que todavía me hacen decir si percibo una fisura en la coraza de un hombre: no todo está perdido, hace falta poco para hacer palpitar a ese corazón detenido."

Elias Canetti

Publicado: 2014-11-19

Cuando en 1821 fue elegida, compitiendo con otras seis candidatas y sin una clara unanimidad, la marcha del maestro Bernardo Alcedo y del poeta José de la Torre Ugarte, los gritos de libertad podían oirse aún frescos en todos los rincones del Perú. La letra reflejaba los fervores propios de la emancipación y su ejecución servia en gran parte para recordar a los peruanos su compromiso con la independencia lograda. No era cuestión que San Martín y Bolivar anden libertando tierras americanas si los ciudadanos no se comprometían a mantener el nuevo status quo.

Desde entonces, la letra ha sufrido numerosas modificaciones, incluso hubieron algunas propuestas serias y concretas para cambiarlo del todo, los mismísimos Chocano y Chabuca Granda compusieron sus propias versiones. El gobierno actual no ha querido quedarse atrás y ha propuesto el uso de otra estrofa, pero sus esfuerzos no darán frutos, pues repiten la misma fórmula esnob, en estas épocas, de la estrofa principal.

La realidad de nuestro himno es que, desde su origen, se trató siempre, para el grueso del pueblo, de un canto insufrible, incomprensible y artificioso, sólo comparable a los rezos en latín a los que estaban forzados los cristianos hasta hace muy poco tiempo. Pero en fin, el himno suele merecer para algunos un status divino y a veces los humanos necesitan no comprender las cosas para poder respetarlas más. 

Ahora bien, los peruanos emancipados de 1821 necesitaban sin duda recordar en cada posible oportunidad, para poder garantizarla, los ideales de libertad que nos trajo la independencia. El peruano de 2014 hace mucho que no arrastra ominosas cadenas (aunque esto es sinceramente muy debatible), España anda lo suficientemente ocupada con su crisis como para que ni el más desquiciado de sus políticos siquiera se aventure a imaginar la recuperación de sus antiguas colonias, nuestras relaciones con nuestros vecinos, a pesar de todo, no pueden ser mejores. El Perú de hoy tiene nuevos enemigos: la falta de buen patriotismo (entiéndase por: no usar la calle como basurero, no estafar a todo el mundo, no utilizar el claxon como terapia de agresividad, no andar haciendo las "criolladas" de cada día, algo que no tiene nada que ver con el falso patriotismo de ponerse una camiseta de la selección y gritar como un energúmeno por la calle rompiendo cosas porque la selección volvió a perder, otra vez), la falta de un sentido de unidad entre los peruanos y el racismo junto con todos los otros matices de la discriminación. Utilizando la palabra clave de la máquina propagandística del gobierno: nos hace falta inclusión (que no significa incluir a peruanos menos favorecidos en nuestra economía y nuestras vidas, sino, y sobre todo, incluirnos en la vida de ellos). Hoy nos hace falta un himno que refleje estas necesidades, pero no un nuevo trabalenguas anacrónico, necesitamos un himno fácil de aprender y que se pueda repetir hasta que se haga carne. Con una tierra con tan buenos compositores y composiciones, no hace falta buscar más lejos...

Ejercicio

(1. Imaginar el siguiente escenario:) Olímpiadas de Río 2016: Natalia Málaga nos lleva a la final de Voley contra Brasil. El estadio está lleno, el país paralizado. Sobre la cancha, las chicas del Perú, negras, gringas, mestizas e indias; limeñas, serranas y de la montaña, todas juntas de las manos, con la barra del público y con todo el Perú desde sus casas, cantando: (2. Contigo Perú)

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